Parashá Teruma - תְּרוּמָה (Ofrenda Elevada) | Haftara: El templo en medio de un mundo maldito

 


PARASHÁ TERUMÁ

Shemot (Éxodo) 25:1–27:19

YAHWEH habló a Moshé diciendo, “Di a los hijos de Israel que tomen para Mí una ofrenda, de todo hombre que la diere de su voluntad, de corazón, tomaréis Mi ofrenda” (Shemot 25:2 — “Habla a los hijos de Israel y que tomen para Mí ofrenda, de todo hombre que la dé voluntariamente de su corazón tomaréis Mi ofrenda”).

Terumá, תְּרוּמָה (ofrenda elevada, terumá), proviene de la raíz רוּם (elevar, alzar, rum), elevar, levantar en altura. La ofrenda asciende porque el corazón asciende. La materia sube cuando el interior del hombre despierta. El Mishkán, מִשְׁכָּן (morada, tabernáculo, mishkán), nace desde un movimiento interior, no desde una imposición. Cada oro, cada tela teñida de tejelet, תְּכֵלֶת (azul celestial, tejelet), argamán, אַרְגָּמָן (púrpura, argamán) y tola’at shaní, תוֹלַעַת שָׁנִי (escarlata, tola’at shaní), cada piel, cada madera de acacia, עֲצֵי שִׁטִּים (madera de acacia, atzé shitim), cada piedra de ónice, representa voluntades elevadas.

“Harán para Mí un Santuario, y habitaré en medio de ellos” (Shemot 25:8 — “Y harán un santuario para Mí, y habitaré en medio de ellos”).

El texto declara “en medio de ellos”, בְּתוֹכָם (dentro de ellos, betojám), dentro de ellos. La Shejiná, שְׁכִינָה (presencia divina que habita, shejiná), busca interioridad humana. El Mishkán expresa una arquitectura espiritual, planos celestiales trazados en materia terrenal. El Arón, אָרוֹן (arca, arón), contiene las tablas, la Torá, תּוֹרָה (instrucción, torá), escrita con fuego sobre piedra. El kapóret, כַּפֹּרֶת (propiciatorio, cubierta, kapóret), cubierta de oro puro, sostiene querubines enfrentados, alas extendidas, rostros uno hacia el otro. La voz se oye desde entre los querubines (Shemot 25:22 — “Y hablaré contigo de sobre el propiciatorio, de entre los dos querubines que están sobre el arca del testimonio”). La revelación surge desde la unidad, desde el espacio donde dos miradas se reconocen.

La Menorá, מְנוֹרָה (candelabro de siete brazos, menorá), labrada de una sola pieza, מִקְשָׁה אַחַת (martillada de una pieza, mikshá ajat), expresa un diseño indivisible. Siete brazos, siete luces. La raíz אוֹר (luz, or), vibra en cada lámpara. La luz arde constantemente, señal de presencia viva. La mesa del pan, שֻׁלְחָן לֶחֶם הַפָּנִים (mesa del pan de la presencia, shulján léjem hapanim), sostiene el pan de la Presencia, doce panes, tribus reunidas delante de YAHWEH. El incienso asciende, קְטֹרֶת (incienso, ketóret), desde la raíz קטר (atar, enlazar, katar). La fragancia une cielo y tierra.

Cada medida entregada a Moshé posee precisión. Codos, anchos, alturas. El Reino posee orden. El Eterno revela diseño detallado. El Mishkán representa el patrón mostrado en el monte, תַּבְנִית (modelo, diseño, tavnit), modelo celestial manifestado en lo visible. Israel camina en el desierto con un santuario portátil. La presencia viaja con el pueblo. El Eterno habita en movimiento.

El oro recubre lo interior del Arón y lo exterior. Pureza interna y externa en coherencia. La madera de acacia, עֲצֵי שִׁטִּים (madera de acacia, atzé shitim), resistente al desierto, expresa incorruptibilidad. El velo, פָּרֹכֶת (velo, parójet), separa el Lugar Santo del Kodesh HaKodashim, קֹדֶשׁ הַקֳּדָשִׁים (Lugar Santísimo, kódesh hakodashim). El acceso revela distancia y deseo. El hombre percibe el peso de la santidad.

Terumá revela un principio eterno, la presencia divina se manifiesta donde el corazón se eleva. La materia consagrada se transforma en morada de gloria. El Mishkán se convierte en prototipo profético, YAHWEH establece su trono en medio de un pueblo redimido.

BRIT HADASHÁ

Brit Hadashá (Nuevo Pacto / Nuevo Testamento)

“Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Yojanán / Juan 1:14 — “Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros, y vimos su gloria”).

El término griego declara ἐσκήνωσεν (hizo tabernáculo, plantó su tienda, eskénosen), plantó su tienda, hizo Mishkán. La gloria, δόξα (gloria, dóxa), kavod, כָּבוֹד (peso, gloria, kavod), se revela en carne. La encarnación expresa continuidad con Terumá. El Arón contenía la Palabra escrita, Yeshúa encarna la Palabra viviente.

Ivrim (Hebreos) 8:5 afirma que los sacerdotes sirven “a lo que es figura y sombra de las cosas celestiales”, ὑποδείγματι καὶ σκιᾷ (modelo y sombra, hypodeígmati kai skiá). Ivrim 9:11 declara “Mas estando ya presente el Mesías como sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos”. El acceso al Kodesh HaKodashim se abre por medio de su sangre, αἷμα (sangre, haíma), vida derramada como terumá suprema.

La Menorá encuentra eco en Hitgalut (Apocalipsis) 1:12–13 — “Y me volví para ver la voz… y vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre”. El pan de la Presencia encuentra plenitud en Yojanán (Juan) 6:35 — “Yo soy el pan de vida”. El altar del incienso se refleja en Hitgalut (Apocalipsis) 8:3–4 — “Y el humo del incienso con las oraciones de los santos subió de la mano del ángel delante de Elohim”.

El velo rasgado en Matityahu (Mateo) 27:51 — “Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo”, señala apertura. El patrón del monte alcanza expresión definitiva en el Mesías.

REFLEXIÓN

Terumá atraviesa generaciones. El Eterno busca morada en corazones elevados. Cada detalle del Mishkán expone una verdad actual, YAHWEH establece su trono donde la voluntad humana se alinea con su diseño. La ofrenda brota desde interior rendido. La santidad demanda orden, precisión, entrega total.

Vivo con la conciencia de que cada acto construye espacio para la Shejiná. Mi interior funciona como santuario en proceso. La gloria se manifiesta donde la vida entera se convierte en terumá. El patrón celestial sigue descendiendo sobre quienes elevan su corazón.

HAFTARÁ

Melajim Alef (1 Reyes) 5:26–6:13

“Y edificó Shlomó la casa a YAHWEH” (Melajim Alef 6:14 — “Edificó, pues, Shlomó la casa, y la terminó”).

El Beit HaMikdash, בֵּית הַמִּקְדָּשׁ (Casa del Santuario, beit hamikdash), en Yerushalayim, יְרוּשָׁלַיִם (Jerusalén, yerushaláyim), prolonga la visión del Mishkán. Cedros del Líbano, oro refinado, querubines gigantes en el Debir, דְּבִיר (Lugar Santísimo, devir). Shlomó recibe sabiduría, חָכְמָה (sabiduría, jojmá), para ejecutar el diseño.

Melajim Alef 6:12–13 declara, “En cuanto a esta casa que tú edificas, si anduvieres en mis estatutos… yo habitaré en medio de los hijos de Israel, y no dejaré a mi pueblo Israel”. La morada divina permanece vinculada a fidelidad. La estructura externa refleja estado interno del pueblo.

El Templo representa consolidación nacional. La presencia se asocia a obediencia. La gloria se vincula a pacto. El Mishkán portátil se transforma en Casa estable, el mismo fuego arde.


La estructura externa refleja el estado interno del pueblo.

El pueblo carga fracturas visibles, enfermedades del alma, dolencias físicas, opresión mental, luto que atraviesa generaciones. La realidad se impone sin maquillaje. La Torá habló con claridad desde el principio. “Pero acontecerá, si no oyeres la voz de YAHWEH tu Elohim… vendrán sobre ti todas estas maldiciones y te alcanzarán” (Devarim / Deuteronomio 28:15). La palabra קללה (maldición, kelalá) describe peso que cae sobre una casa que rompe pacto. La historia de Efraín se mueve dentro de ese marco. “Efraín se mezcló con los pueblos… extranjeros consumieron su fuerza, y él no lo supo” (Hoshea / Oseas 7:8–9).

El templo actual camina en medio de un mundo herido. La dispersión dejó cicatrices profundas. La palabra גלות (exilio, galut) define una condición espiritual prolongada. La casa de Efraín vive consecuencias reales. Enfermedad, confusión de identidad, ruptura familiar, ansiedad colectiva, generación sin raíz. La Torá anticipó cada escenario. “Y servirás a tus enemigos… en hambre, en sed, en desnudez y en escasez de todas las cosas” (Devarim 28:48, resumen). La sentencia pesa.

Sin embargo, la maldición forma parte del pacto mismo. La corrección revela paternidad. El juicio confirma pertenencia. La palabra רחמים (misericordias, rajamim) fluye en paralelo. “Y aun con todo esto, estando ellos en tierra de sus enemigos, no los desecharé… porque Yo soy YAHWEH su Elohim” (Vayikrá / Levítico 26:44). El exilio nunca canceló el pacto.

La Brit Hadashá declara una intervención decisiva. “El Mesías nos redimió de la maldición de la Ley, hecho por nosotros maldición” (Gálatas 3:13, resumen). La expresión griega ἐξηγόρασεν (redimió pagando precio, exegórasen) comunica rescate legal. La palabra κατάρα (maldición, katára) señala sentencia judicial. El Mashíaj asumió la consecuencia para abrir libertad. Libertad que muchas veces opera en dimensiones invisibles mientras la historia visible continúa en tensión.

La redención se experimenta como semilla en medio de un terreno áspero. El alma recibe libertad aun cuando el entorno conserva presión. La esperanza adquiere profundidad en tiempos de juicio. La casa de Efraín atraviesa disciplina y simultáneamente sostiene promesa. La maldición describe el escenario histórico, la misericordia define el desenlace.

La Escritura declara una liberación real y una redención en desarrollo dentro del tiempo.

“Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Elohim es vida eterna en el Mesías Yeshúa” (Romanos 6:23). La palabra griega θάνατος (muerte, thánatos) describe separación, ruptura, consecuencia judicial. Yeshúa quebró el dominio del pecado. “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte” (Hebreos 2:14). El verbo griego καταργήσῃ (anular, dejar inactivo, katargése) expresa desactivar autoridad.

La victoria espiritual ya opera. El dominio interno del pecado pierde trono. La muerte conserva presencia biológica. La maldición pronunciada en Bereshit (Génesis) 3:19 continúa activa en el plano físico. “Polvo eres, y al polvo volverás”. La creación entera participa de esa condición. “La creación fue sujetada a vanidad… con la esperanza de que también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción” (Romanos 8:20–21, resumen). La palabra φθορά (corrupción, fthorá) señala deterioro progresivo.

La redención posee dimensiones. El alma recibe vida nueva ahora. El cuerpo espera transformación. “Nosotros mismos gemimos dentro de nosotros mismos, esperando la adopción, la redención de nuestro cuerpo” (Romanos 8:23). La palabra griega ἀπολύτρωσις (redención plena, apolýtrōsis) indica liberación final mediante pago completo. El precio ya fue establecido en el madero. La manifestación total aguarda el día señalado.

La muerte física permanece como umbral dentro de un mundo bajo maldición histórica. La victoria del Mashíaj establece garantía futura. “El postrer enemigo que será destruido es la muerte” (1 Corintios 15:26). La palabra καταργεῖται (ser abolido, katargeítai) apunta a eliminación definitiva. Ese acto pertenece al cierre del plan.

La Escritura sostiene ambas realidades sin tensión artificial. Liberación espiritual presente, transformación corporal futura. Vida eterna implantada ahora, resurrección manifestada después. “He aquí, os digo un misterio… los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados” (1 Corintios 15:51–52, resumen). La palabra ἄφθαρτος (incorruptible, áfthartos) describe estado definitivo sin deterioro.

La casa de Efraín camina dentro de esa expectativa. El peso de la maldición histórica convive con la promesa sellada en sangre. La redención final se revelará en plenitud cuando el Reino se establezca sin sombra. Mientras tanto, la esperanza permanece firme, arraigada en una obra ya consumada que espera manifestación total.




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